Listado completo de etapas asfaltadas que componen A Rota 18 en modalidad ON ROAD.
Etapa 1232 km
Monçao - Porto
Distritos de paso: Viana do Castelo, Braga, Porto
Iniciamos esta gran ruta por Portugal, donde recorreremos los 18 distritos a lo largo de 10 etapas partiendo de Monçao, una bonita localidad que hace frontera con España en una barrera natural como es el Río Miño.
Como la gasolina es más barata en España, cruzamos al país vecino por un puente y tras llenar el depósito y resetear el cuenta kilómetros parcial, iniciamos la primera de las etapas de La Ruta 18, que nos llevará hasta Oporto.
Iniciamos pues este periplo saliendo de Monçao por la N101, ancha, bien asfaltada y de curvas abiertas. Todo el norte de Portugal esta muy poblado, por lo prácticamente en ningún momento de esta etapa dejaremos de ver construcciones de diferentes tipos.
Tras recorrer los primeros 8 km , llegamos al final de este primer tramo, situado en Friestas donde giraremos a la izquierda direccion a Boivao y Gondomil.
La segunda etapa de A Rota 18 nos propone un espectacular viaje desde el océano Atlántico hasta el extremo nordeste de Portugal. Partiendo de Oporto, la ruta abandona progresivamente el intenso ambiente urbano para adentrarse en algunos de los paisajes más variados del país, enlazando carreteras secundarias que atraviesan valles, sierras, bosques y pequeñas aldeas donde el tiempo parece haberse detenido.
A lo largo de 388 kilómetros, el recorrido atraviesa comarcas tan diferentes como el valle del Douro, las montañas de Trás-os-Montes y las inmediaciones del Parque Nacional da Peneda-Gerês, combinando carreteras muy entretenidas con un extraordinario patrimonio natural y cultural. La ruta pasa cerca de localidades como Marco de Canaveses, Peso da Régua, Vila Real, Cabeceiras de Basto, Chaves y Vinhais, antes de alcanzar el destino final.
Será una jornada muy variada, en la que el paisaje cambia constantemente. Dejaremos atrás el bullicio de la segunda ciudad más importante de Portugal para recorrer viñedos, profundos valles fluviales, puertos de montaña y extensas masas forestales, disfrutando de algunas de las carreteras más atractivas del norte del país. El tráfico irá desapareciendo a medida que avancemos hacia el interior, dando paso a un entorno cada vez más tranquilo, ideal para saborear la conducción y descubrir la esencia más auténtica de Portugal.
La etapa concluye en Bragança, una ciudad histórica situada muy cerca de la frontera española, cuyo impresionante castillo medieval y su ciudadela amurallada constituyen el broche perfecto para una de las jornadas más completas y espectaculares de A Rota 18.
La tercera etapa de A Rota 18 supone un importante cambio de escenario respecto a las jornadas anteriores. Desde Bragança, la ruta se dirige hacia el sur siguiendo la espectacular frontera natural que forman los cañones del río Duero, atravesando algunas de las comarcas más salvajes y desconocidas del nordeste portugués antes de finalizar en la histórica ciudad fortificada de Guarda.
Durante poco más de 300 kilómetros, la etapa alterna carreteras de montaña, profundas gargantas, extensas dehesas, bosques mediterráneos y pequeñas aldeas donde la vida continúa marcada por un ritmo pausado. El recorrido atraviesa espacios naturales de enorme valor paisajístico, como el Parque Natural do Douro Internacional, cuyos impresionantes cortados rocosos acompañan buena parte del viaje mientras el río Duero dibuja la frontera entre Portugal y España.
La conducción resulta especialmente variada. Las carreteras reviradas que descienden hacia el valle del Duero se combinan con rápidos tramos sobre las parameras de Trás-os-Montes y la Beira Interior, ofreciendo un equilibrio perfecto entre disfrute al manillar y espectaculares panorámicas. A lo largo del recorrido se suceden numerosos miradores naturales desde los que contemplar los cañones del Duero, uno de los paisajes más sobrecogedores de toda la península.
La etapa también tiene un marcado carácter histórico. Localidades como Miranda do Douro, Mogadouro, Torre de Moncorvo, Vila Nova de Foz Côa, Figueira de Castelo Rodrigo o Almeida permiten descubrir fortalezas, castillos, murallas y pueblos medievales que recuerdan la importancia estratégica que siempre tuvo esta frontera.
El destino final es Guarda, la ciudad más alta de Portugal, situada a más de mil metros de altitud en las estribaciones de la Serra da Estrela. Su imponente catedral gótica, las murallas medievales y el magnífico casco histórico constituyen el broche perfecto para una jornada intensa, variada y repleta de algunos de los paisajes más espectaculares que ofrece el interior de Portugal.
Tras las intensas jornadas de montaña que nos han acompañado desde el inicio de A Rota 18, esta cuarta etapa supone un cambio de escenario y de ritmo. Dejamos atrás las grandes altitudes para dirigirnos poco a poco hacia el litoral atlántico, recorriendo cerca de 400 kilómetros que nos permitirán descubrir otra cara completamente distinta de Portugal.
Los primeros kilómetros volverán a exigir nuestra atención. Aunque todavía circularemos por carreteras de montaña, afrontaremos las mayores dificultades que hemos encontrado hasta este momento del viaje, con continuos desniveles, curvas enlazadas y magníficas panorámicas sobre las sierras del interior. Será una conducción muy entretenida, donde cada puerto superado nos acercará un poco más al valle.
A medida que avancemos, el relieve comenzará a suavizarse. Las montañas darán paso a colinas cada vez más redondeadas, extensas zonas agrícolas y bosques de eucaliptos y pinos, permitiéndonos disfrutar de una conducción mucho más relajada. Sin apenas darnos cuenta, iremos dejando atrás el Portugal más agreste para adentrarnos en regiones donde los pueblos se suceden con mayor frecuencia y el paisaje adquiere un carácter mucho más abierto.
La etapa también nos llevará hasta dos ciudades con un enorme atractivo. Primero alcanzaremos Viseu, considerada una de las ciudades históricas más elegantes del centro de Portugal, antes de continuar hacia la costa para descubrir el encanto de Aveiro, conocida como la Venecia portuguesa por sus canales y sus coloridas embarcaciones tradicionales.
En la segunda mitad del recorrido predominan las carreteras nacionales, amplias y cómodas, ideales para disfrutar del viaje sin prisas mientras atravesamos pequeños pueblos, viñedos, campos de cultivo y tranquilas zonas rurales. El tráfico suele ser escaso y el firme excelente, lo que convierte esta parte de la jornada en un auténtico placer para cualquier motorista.
Los últimos kilómetros nos conducirán hasta Coimbra, una de las ciudades más emblemáticas del país y destino final de la etapa. Su histórica universidad, su casco antiguo y el ambiente estudiantil pondrán el broche perfecto a una jornada muy variada, en la que habremos pasado de las montañas más exigentes recorridas hasta ahora a las suaves llanuras del centro de Portugal.
Tras alcanzar Coimbra al final de la etapa anterior, esta quinta jornada cambia completamente de escenario. Dejamos atrás el ambiente urbano para adentrarnos en el corazón de la Portugal más auténtica, recorriendo algunos de los paisajes más variados de todo A Rota 18.
Con 409 kilómetros, esta es una etapa larga y muy completa, donde las carreteras nacionales vuelven a ser las protagonistas, representando cerca de dos tercios del recorrido. Las acompañan numerosas carreteras autonómicas de segundo nivel, ideales para disfrutar de una conducción tranquila y llena de curvas.
Los primeros kilómetros nos conducirán de nuevo hacia las sierras del interior. El perfil vertical muestra un continuo subir y bajar, con varios puertos de montaña que superan ampliamente los 1.000 metros de altitud, lo que anticipa una jornada muy entretenida para cualquier motorista. En esta primera mitad predominan las carreteras reviradas, los bosques y los espectaculares miradores naturales.
Tras abandonar las zonas montañosas, la ruta inicia un progresivo descenso hacia el este. El relieve se suaviza y aparecen amplios valles, dehesas y extensas llanuras salpicadas de pequeños pueblos donde el tiempo parece transcurrir con otra calma.
Uno de los grandes atractivos de esta etapa será la entrada en el entorno del Parque Natural del Tajo Internacional, un espacio protegido donde el río Tajo vuelve a convertirse en protagonista y donde la naturaleza conserva un marcado carácter salvaje. La cercanía con la frontera española aportará además un ambiente muy diferente al vivido hasta ahora.
La jornada también atravesará ciudades con un importante patrimonio histórico, entre ellas Fundão, Castelo Branco, Idanha-a-Velha e Idanha-a-Nova, además de numerosas aldeas que irán apareciendo entre montes, olivares y extensas zonas agrícolas. Cada una de ellas ofrecerá una nueva oportunidad para descubrir monumentos, rincones con encanto y parte de la historia de esta región portuguesa.
En conjunto, esta etapa combina algunos de los puertos más espectaculares del recorrido con largas carreteras panorámicas, pequeños pueblos cargados de historia y un acercamiento progresivo hacia el Tajo Internacional. Será una jornada muy variada, en la que alternaremos montaña, naturaleza, patrimonio y carreteras de gran disfrute para la conducción.
Distritos de paso: Castelo Branco, Santarém, Lisboa
La sexta etapa de A Rota 18 nos llevará desde Castelo Branco hasta Lisboa a lo largo de 456 kilómetros. Después de varias jornadas descubriendo el norte y el centro de Portugal, llega el momento de poner rumbo hacia la capital del país atravesando algunas de las comarcas con mayor riqueza histórica y patrimonial del territorio portugués.
Será una etapa muy variada. Durante los primeros kilómetros todavía encontraremos algunas carreteras con cierto relieve, aunque el principal puerto de montaña aparecerá entre los kilómetros 60 y 90 aproximadamente. Superado este tramo, el perfil se suaviza y la conducción se vuelve mucho más fluida, alternando largas rectas, suaves ondulaciones y carreteras secundarias que atraviesan pequeños pueblos y extensas zonas agrícolas.
A lo largo de la jornada recorreremos 456 kilómetros repartidos entre carreteras nacionales, carreteras autonómicas y pequeñas vías locales, una combinación que permitirá disfrutar tanto de una conducción relajada como de algunos de los lugares más interesantes del centro de Portugal. El recorrido nos acercará a importantes enclaves históricos como Tomar, con su impresionante Convento de Cristo; Batalha y su monumental Mosteiro da Batalha; Alcobaça, donde se encuentra el Mosteiro de Alcobaça; la villa medieval de Óbidos; la costa de Nazaré y Peniche, antes de continuar hacia el sur hasta alcanzar la desembocadura del Tajo y la ciudad de Lisboa.
Será una jornada donde la historia, el patrimonio y el océano Atlántico irán ganando protagonismo conforme avancemos hacia el oeste. Tras varios días dominados por las montañas y los valles del interior, el paisaje evolucionará hacia un territorio más abierto, con carreteras amplias, pueblos llenos de historia y una conducción especialmente agradable que nos acompañará hasta la capital portuguesa.
Esta etapa propone un recorrido de 347 kilómetros que atraviesa algunos de los paisajes más variados del centro de Portugal. La jornada comienza junto al estuario del Tajo y al océano Atlántico, en un entorno marcado por la influencia del mar, para ir alejándose poco a poco de la costa y adentrarse en un territorio cada vez más rural, donde las carreteras secundarias enlazan pequeñas localidades, zonas agrícolas y suaves sierras hasta alcanzar el entorno de Portalegre.
El trazado discurre mayoritariamente por carreteras nacionales, lo que garantiza un firme generalmente en buen estado y una conducción agradable, combinando tramos fluidos con otros más revirados. A lo largo de la jornada el ritmo cambia constantemente, alternando sectores tranquilos que invitan a disfrutar del paisaje con otros donde las curvas obligan a prestar toda la atención a la carretera. Es una etapa para saborear sin prisas, dejando que cada kilómetro vaya descubriendo un Portugal muy diferente al de las grandes ciudades.
Durante los primeros kilómetros todavía se percibe la cercanía del Atlántico. La brisa llega con un ligero aroma salino y el aire suele resultar más húmedo y fresco. Conforme nos internamos hacia el este, el sonido del mar desaparece poco a poco y deja paso al rumor del viento entre la vegetación, al canto de las aves y al inconfundible sonido del motor acompañando una sucesión de carreteras cada vez más solitarias.
El perfil de la etapa refleja perfectamente esa transformación. Tras un inicio con suaves subidas y bajadas, el recorrido atraviesa una amplia zona de desniveles moderados antes de afrontar, en su parte final, un ascenso más continuo que conduce hasta las cotas más elevadas de toda la jornada. La carretera va ganando altura de forma progresiva y ofrece una conducción cada vez más entretenida, con curvas que siguen el relieve natural del terreno y una sensación de montaña que se intensifica conforme nos acercamos al destino.
También cambia el paisaje. Dejamos atrás el entorno costero y los grandes corredores de comunicación para recorrer comarcas donde predominan los campos de cultivo, pequeñas aldeas y extensas zonas de naturaleza. La ruta atraviesa localidades cargadas de historia, como Santarém y Tomar, antes de dirigirse hacia el Parque Natural de la Serra de São Mamede, un espacio protegido que pone el broche de oro a la etapa con un entorno mucho más montañoso y boscoso.
Es una jornada muy completa, capaz de combinar patrimonio, naturaleza y placer de conducción. Cada tramo aporta un ambiente distinto, haciendo que el viaje evolucione de forma natural desde la influencia atlántica hasta el interior portugués, ofreciendo al motorista una experiencia variada y llena de matices que invita a disfrutar tanto de la carretera como de todo lo que la rodea.
La octava etapa de A Rota 18 nos propone una apasionante travesía de 392 kilómetros que conecta el corazón del Alentejo con la costa atlántica portuguesa. Es una jornada muy variada, en la que alternaremos las grandes llanuras del interior con las suaves colinas del Alentejo Litoral, atravesando pueblos con mucho encanto, extensas dehesas, bosques de alcornoques, campos de cultivo y, en sus últimos kilómetros, comenzando a sentir la cercanía del océano.
El recorrido discurre principalmente por carreteras nacionales, que representan 232 kilómetros de la etapa, combinadas con 86,7 kilómetros de carreteras autonómicas de segundo nivel, apenas 12 kilómetros de vías autonómicas principales y algo más de 61 kilómetros de pequeñas carreteras locales. Esta combinación ofrece una conducción muy entretenida, con un excelente equilibrio entre carreteras rápidas y cómodas y otras mucho más tranquilas y reviradas donde disfrutar plenamente del paisaje.
El perfil de la etapa refleja un inicio exigente, con fuertes ascensos y descensos durante los primeros kilómetros mientras abandonamos las estribaciones de la Serra de São Mamede. Superado este primer sector, el terreno se suaviza para recorrer las inmensas llanuras alentejanas, aunque todavía encontraremos algunas zonas onduladas que aportan dinamismo a la conducción antes de iniciar un progresivo descenso hacia cotas cercanas al nivel del mar.
A lo largo de la jornada iremos descubriendo algunos de los paisajes más característicos de Portugal: dehesas donde pastan vacas y ovejas bajo centenarios alcornoques, extensos campos de cereal, viñedos, olivares y pequeñas poblaciones de casas encaladas donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. El silencio del campo, el aroma de la vegetación mediterránea y el sonido constante del motor convierten esta etapa en una experiencia especialmente relajante.
También será una jornada muy rica desde el punto de vista patrimonial. La ruta atraviesa localidades históricas del Alentejo declaradas Patrimonio de la Humanidad, castillos medievales perfectamente conservados, ciudades amuralladas, monumentos megalíticos y pueblos que conservan intacta su arquitectura tradicional. Como siempre, iremos descubriendo estos lugares a medida que avancemos por los diferentes tramos de la etapa.
Después de casi cuatrocientos kilómetros sobre la moto, esta etapa ofrece una magnífica combinación de carreteras solitarias, historia, naturaleza y paisajes abiertos, acercándonos poco a poco al Atlántico y preparándonos para las dos últimas jornadas de A Rota 18.
La penúltima etapa de A Rota 18 supone un cambio de escenario respecto a las jornadas anteriores. Tras abandonar Setúbal, la ruta comienza bordeando el estuario del Sado y el litoral atlántico, donde la proximidad del océano aporta una luz distinta, el olor a sal y una agradable brisa marina que acompañará buena parte de los primeros kilómetros. Muy pronto aparecen largas playas de arena, pinares y pequeños núcleos costeros antes de internarnos de nuevo hacia el interior del Alentejo.
A lo largo de sus 293 kilómetros, esta etapa combina algunos de los paisajes más variados de toda la ruta. Las amplias llanuras agrícolas dejan paso a bosques de pinos y alcornoques, pequeñas sierras, embalses y tranquilas carreteras nacionales prácticamente desiertas. El firme es, en líneas generales, excelente y predominan las carreteras nacionales, que representan más de doscientos treinta kilómetros del recorrido, ideales para disfrutar de una conducción relajada y continua.
La primera mitad de la jornada resulta muy llevadera, con un perfil prácticamente llano que invita a mantener un ritmo constante. Sin embargo, a partir de la mitad de la etapa el relieve comienza a transformarse. La carretera se vuelve más ondulada y aparecen sucesivas subidas y bajadas que aportan un mayor dinamismo a la conducción. Sin llegar a convertirse en una etapa de montaña, los últimos kilómetros ofrecen un recorrido bastante más entretenido, con carreteras que serpentean entre suaves elevaciones y obligan a prestar algo más de atención al trazado.
El itinerario enlaza localidades llenas de personalidad, alternando pueblos blancos del Alentejo con pequeños núcleos rurales donde el tiempo parece avanzar más despacio. A ello se suman espacios naturales protegidos, embalses y numerosos rincones donde merece la pena detenerse unos minutos para contemplar el paisaje o simplemente disfrutar del silencio, roto únicamente por el sonido del motor y el viento.
Es una etapa muy equilibrada que comienza con el sabor del Atlántico y termina entre colinas y carreteras cada vez más sinuosas, preparando al viajero para afrontar la última jornada de A Rota 18.
La última etapa de A Rota 18 es también la más larga y una de las más variadas de toda la aventura. Con cerca de 500 kilómetros por delante, recorreremos el sur de Portugal desde las llanuras del Bajo Alentejo hasta los espectaculares acantilados del Algarve y las montañas de la Serra de Monchique, antes de regresar de nuevo hacia el interior y finalizar esta fantástica aventura.
La jornada transcurre casi por completo por carreteras nacionales y autonómicas de segundo nivel, buscando siempre el placer de la conducción por encima de la rapidez. Las largas rectas del Alentejo dejan paso a carreteras mucho más reviradas al acercarnos al Algarve, donde el relieve se vuelve más accidentado y cada curva invita a disfrutar del pilotaje.
A lo largo del día los paisajes cambian continuamente. Comenzaremos entre inmensas dehesas de encinas, olivares y campos de cereal, atravesando pequeños pueblos blancos donde el tiempo parece avanzar más despacio. Más adelante aparecerán las sierras cubiertas de alcornoques y eucaliptos, los valles agrícolas y, finalmente, el océano Atlántico, que nos acompañará durante buena parte del recorrido por algunos de los rincones más espectaculares de la costa portuguesa.
Esta etapa también reúne algunos de los lugares más emblemáticos del sur del país. El Parque Natural do Vale do Guadiana, el Parque Natural do Sudoeste Alentejano e Costa Vicentina, las playas salvajes del litoral alentejano y algarvío, los pueblos históricos del interior y las sinuosas carreteras de la Serra de Monchique convierten este recorrido en un auténtico resumen de la enorme diversidad paisajística de Portugal.
Pero más allá de los kilómetros y de los lugares visitados, esta última jornada tiene un significado especial. Cada curva recuerda las vividas en etapas anteriores, cada pueblo evoca nuevos recuerdos y cada parada acerca un poco más al final de una ruta que ya forma parte de nosotros. A Rota 18 llega a su desenlace, pero las experiencias, los paisajes, los aromas, los sonidos y las personas conocidas durante el viaje permanecerán mucho tiempo en la memoria de quien haya tenido la fortuna de recorrerla.